El Rosario de Florencia L.
Barclay
Novela inglesa romántica del
siglo XIX
Leída y releída multitud de
veces, siempre con algo nuevo, como todo buen libro
Cuenta la historia de una joven
Juana Champión sobrina de una duquesa, que rechaza el matrimonio con un joven
pintor Gart Dalmain, 3 años más joven que ella, por considerarse debido a su
poco agraciado rostro, indigna de su amor. Él un joven amante de la belleza se había
enamorado de ella, declarándola “la mujer única”, tras oírla cantar e
interpretar al piano, la letra de una canción, “El Rosario”, que no pudo
interpretar la cantante, que se esperaba, al cantar Juana, Gart Dalmain,
descubrió su alma
Pronto descubrirá su error, y,
hará lo posible por enmendarlo, le ayudaran otros personajes, que merecerán en
otra lectura un tratamiento aparte
La autora de la novela, es
persona cristiana, anglicana, o católica, y conoce vive La Escritura, no solo
por las veces que la cita, sin dar citas, sino porque sus personajes la viven
Juana se entera de que a causas
de un accidente, su amado Gart ha quedado ciego, para siempre, siente la
necesidad de correr en su ayuda, pero
hacerlo sería una humillación para él, por eso con ayuda de su amigo el doctor,
Deryc, irá si pero haciéndose pasar por una nurse, una enfermera descripta de un modo completamente distinta,
a como es en realidad
Entre “la enfermera Rosemary”, y,
Garth se establecerá una camaradería, un afecto
y una gratitud sobre todo por el hecho de que jamás roce su mano,
gratitud que irá a su cenit, cuando se enteré de que “la enfermera Rosemary”,
ha estado varios días con los ojos vendados, comiendo, paseando, incluso vino
el doctor Deryc, y, no lo vio, y esto lo hizo, para ponerse en el lugar de
Garth. Y, acaso no es eso, lo que El Verbo de Dios hizo por cada uno, ponerse
en nuestro lugar, de verdad, encarnándose con todas las consecuencias, Juana,
no se quita la venda, en ningún momento, porque tampoco su amado, puede sacarse
su ceguera, así lo puede comprender mejor,
ayudarle mejor
Garth le invita a que vea y le de
su opinión sobre los cuadros que pinto, sobre su amada, sobre Juana, y,
entonces Juana ve, que el amor que Garth sentía por ella, le había
transfigurado, era fea, pero el amor la hace hermosa
“La enfermera Rosemary”, le
confesará que ha reñido con su prometido, y, él le aconsejará que le escriba una
carta explicándole las cosas, asi lo hará, de este modo, recibirá una carta de
Juana, a la que él hacía fuera de Inglaterra, la carta será leída por Rosemary, es decir por
la propia Juana en su papel actuante, al final, de la carta, ella pide que sea
él quien escriba solo dos palabras, “Te perdono”
Él confiesa que no puede,
escribir “te perdono”
Pide el papel y, escribe, “te amo”
Y, volvi a recordar la película, “tierra
de ángeles”, y, a Oseas, a Yhv, que no perdona, no dice que va perdonar a la
adultera Judá, o a Israel, sólo que le
hablará de Amor. Ni al Padre del hijo pródigo, que lo cubre de besos
Como aquí Gart Dalmain, que no
podía decir, “Te perdono”, porque no sabría que perdonar, porque él que ama,
solo quiere que el ser amado, este a su lado, para siempre, no sabe decir te
perdono, sabe decir te amo, pero él que ha herido, si tiene que saber decir, “perdón”
Juana se descubre como Juana, y
todo termina en boda, y, tras la sencilla boda en una capilla de pueblo, los
dos jóvenes descubren que su amor es para siempre, su amor es su luz
No pueden compartir la luz del
día, pero en su, tiniebla física él la ve,
y, ella comparte con él la luz de la fe, del Dios que lo ha unido
Así, si le fue sacado el don de
la pintura, es Gart ahora un compositor, y, asi canta para su esposa, para
Juana, la letra de un himno sagrado
“Cuan presto la radiante mañana
ha transcurrido
Su luz de oro y de púrpura ya se
ha desvanecido.
Ya lentamente el día su fin
camina
Y sus sombras la noche sobre la
tierra, inclina
Nuestra vida es también una efímera
aurora,
Cuya luz a su fin camina hora tras hora
Cuando todo lo que es ya no sea, Señor
Que a la morada eterna nos
conduzca tu amor
Y, la aurora bendita que nos
diste en La Cruz
Sea para nosotros perpetua luz,
de luz
Alumbra con la Luz eterna las
tinieblas de nuestros ojos, siendo tu nuestra Luz ningún mal podrá vencernos