viernes, 10 de noviembre de 2017

El Rosario de Florencia L. Barclay





El Rosario de Florencia L. Barclay

Novela inglesa romántica del siglo XIX

Leída y releída multitud de veces, siempre con algo nuevo, como todo buen libro

Cuenta la historia de una joven Juana Champión sobrina de una duquesa, que rechaza el matrimonio con un joven pintor Gart Dalmain, 3 años más joven que ella, por considerarse debido a su poco agraciado rostro, indigna de su amor. Él un joven amante de la belleza se había enamorado de ella, declarándola “la mujer única”, tras oírla cantar e interpretar al piano, la letra de una canción, “El Rosario”, que no pudo interpretar la cantante, que se esperaba, al cantar Juana, Gart Dalmain, descubrió su alma

Pronto descubrirá su error, y, hará lo posible por enmendarlo, le ayudaran otros personajes, que merecerán en otra lectura un tratamiento aparte

La autora de la novela, es persona cristiana, anglicana, o católica, y conoce vive La Escritura, no solo por las veces que la cita, sin dar citas, sino porque sus personajes la viven

Juana se entera de que a causas de un accidente, su amado Gart ha quedado ciego, para siempre, siente la necesidad de correr en su ayuda,  pero hacerlo sería una humillación para él, por eso con ayuda de su amigo el doctor, Deryc, irá si pero haciéndose pasar por una nurse, una enfermera  descripta de un modo completamente distinta, a como es en realidad

Entre “la enfermera Rosemary”, y, Garth se establecerá una camaradería, un afecto  y una gratitud sobre todo por el hecho de que jamás roce su mano, gratitud que irá a su cenit, cuando se enteré de que “la enfermera Rosemary”, ha estado varios días con los ojos vendados, comiendo, paseando, incluso vino el doctor Deryc, y, no lo vio, y esto lo hizo, para ponerse en el lugar de Garth.  Y, acaso no es eso, lo que  El Verbo de Dios hizo por cada uno, ponerse en nuestro lugar, de verdad, encarnándose con todas las consecuencias, Juana, no se quita la venda, en ningún momento, porque tampoco su amado, puede sacarse su ceguera, así lo puede comprender mejor,  ayudarle mejor

Garth le invita a que vea y le de su opinión sobre los cuadros que pinto, sobre su amada, sobre Juana, y, entonces Juana ve, que el amor que Garth sentía por ella, le había transfigurado, era fea, pero el amor la hace hermosa

“La enfermera Rosemary”, le confesará que ha reñido con su prometido, y, él le aconsejará que le escriba una carta explicándole las cosas, asi lo hará, de este modo, recibirá una carta de Juana, a la que él hacía fuera de Inglaterra,  la carta será leída por Rosemary, es decir por la propia Juana en su papel actuante, al final, de la carta, ella pide que sea él quien escriba solo dos palabras, “Te perdono”

Él confiesa que no puede, escribir “te perdono”
Pide el papel y, escribe, “te amo”

Y, volvi a recordar la película, “tierra de ángeles”, y, a Oseas, a Yhv, que no perdona, no dice que va perdonar a la adultera Judá, o a Israel, sólo que le  hablará de Amor. Ni al Padre del hijo pródigo, que lo cubre de besos
Como aquí Gart Dalmain, que no podía decir, “Te perdono”, porque no sabría que perdonar, porque él que ama, solo quiere que el ser amado, este a su lado, para siempre, no sabe decir te perdono, sabe decir te amo, pero él que ha herido, si tiene que saber decir, “perdón”

Juana se descubre como Juana, y todo termina en boda, y, tras la sencilla boda en una capilla de pueblo, los dos jóvenes descubren que su amor es para siempre, su amor es su luz

No pueden compartir la luz del día, pero en su, tiniebla  física él la ve, y, ella comparte con él la luz de la fe, del Dios que lo ha unido

Así, si le fue sacado el don de la pintura, es Gart ahora un compositor, y, asi canta para su esposa, para Juana, la letra de un himno sagrado

“Cuan presto la radiante mañana ha transcurrido
Su luz de oro y de púrpura ya se ha desvanecido.
Ya lentamente el día su fin camina
Y sus sombras la noche sobre la tierra, inclina

Nuestra vida es también una efímera aurora, 
Cuya luz  a su fin camina  hora tras hora
Cuando todo lo que es ya no sea,  Señor
Que a la morada eterna nos conduzca tu amor
Y, la aurora bendita que nos diste en La Cruz
Sea para nosotros perpetua luz, de luz

Alumbra con la Luz eterna las tinieblas de nuestros ojos, siendo tu nuestra Luz ningún mal podrá vencernos




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